sábado, 18 de mayo de 2013

Ciclo



Mis versos, aprisionados en cajas de cristal, se ocultan del veneno. Intentan funcionar, girar en torno al eje de la bestia.
Un rugido clandestino los despierta; el alma que los concibe. Las espadas de fuego lamen sin misericordia mis brazos.
Las campanas vociferan la guerra, los ángeles luchan en rebelión, y caen heridos al abismo.
Los dragones están cerca, escucho sus garras metálicas cortar sendero por la bruma.
Estoy en medio de la laguna, los corazones huyen… ... … Todos son liberados, los cristales rotos acuchillan los ojos del demonio.
Los versos iniciales me encuentran, pero ya no quiero plasmarlos; las orugas no podemos tomar una pluma.

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