Mis versos, aprisionados en cajas de
cristal, se ocultan del veneno. Intentan funcionar, girar en torno al eje de la
bestia.
Un rugido clandestino los despierta; el
alma que los concibe. Las espadas de fuego lamen sin misericordia mis brazos.
Las campanas vociferan la guerra, los
ángeles luchan en rebelión, y caen heridos al abismo.
Los dragones están cerca, escucho sus
garras metálicas cortar sendero por la bruma.
Estoy en medio de la laguna, los corazones
huyen… ... … Todos son liberados, los cristales rotos acuchillan los ojos del
demonio.
Los versos iniciales me encuentran, pero
ya no quiero plasmarlos; las orugas no podemos tomar una pluma.
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