...lo único que encontré, fue mi rostro en el
espejo, pero no era yo, tenía ojeras del negro más obscuro, espacios vacíos en
medio de mis nuevas canas, y los labios secos y quebrados; como platos chinos
que se hubieran caído en el abismo de la locura, condenados a vivir como
cadáveres, reteniendo el aliento de un cuerpo que respiró alguna vez…
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