Caminas, y con tu sombra marcas la silueta del
olvido.
Decoras cada esquina del hogar con las imágenes de
Buda que te han sido ofrendadas.
Mueves el colchón de innumerables formas para vencer
la tentación que nuestro cuerpo gime.
Llamas al oeste con la campana tallada del
amanecer.
Pero al final solo queda esa profunda huella en el
corazón, enterándote de la oscura realidad a nuestro alrededor.