Vivir, bajo el batir de tus alas, cubriendo tu cuerpo de virgen promiscua,
unir sin ganas mi pecho al tuyo, con las cadenas herrumbradas de la difamación.
Morir, con el estruendo de tus labios de alacrán, mariposas podridas,
chocando contra los míos, víctima de tu carne.
Renacer de tu vientre, en una piel marchita, llena de gusanos, que asomados
por mis cuencas vacías, te admiran, y me obligan a tu infierno por la
eternidad.